miércoles, 30 de junio de 2010

las imágenes de los ayeres se reúnen sobre tu cuerpo.
y el mío siente frío lejos de tus brazos, tatuajes de calor y beso.


pura chatarra 
la boca abierta de esta mosca
grita vómitos de amor. 
Todo se oscurece en este vientre.
incluso el corazón 
que repite los ecos
en los que el desvelo
es anfitrión.
De alguna manera siempre supe que no había sido creada para ningún hombre, que tus caricias eran polvo en la superficie de los muebles y que lo que me quedaba de silencio debía servir para alimentarnos a ambos. Mi construcción no tardo tres días,  ni siquiera dos tardes, siempre estuve en las orillas del agua, mientras los engranes formaban alguna función en los otros humanos, o el vapor les daba alas en la tierra. 
No dejo de pensar en ti ni un sólo minuto.
No dejo de pensar en ti ni un sólo minuto.
No dejo de pensar en ti ni un sólo minuto.
La frase se repite, la mentira se acumula en los tejados, te creí, por eso gotean mis ojos. 

Tirar piedras 
tirar piedras
tirar
un trocito de nuestra imaginación 
por la borda de los barcos atrapados en el interior del jardín de las sombras
en la ciudad 
Hay que escribir en dos fases, en dos ramas que al final se unen y sin embargo siempre terminan en el insomnio; hay que escribir la propia vida, con acciones y actos únicos y repetitivos, hay que aburrir al lector con los saltos de años, con la selección de escenas o mejor hay que divertirle mostrándole nuestra miseria.
Hay que escribir y yo sólo pienso en arrancar la hoja del libro y dejar incompleta la historia, en quemar el final y conformarme con la incógnita de lo que pasará mañana.... si es que hay algo que pueda pasar una vez que el papel se extinga.

domingo, 27 de junio de 2010

Entrega de documentos, a las once
sin inspiración, arrastraré mis pasos a la segunda puerta
y saltaré a algo peor que el suicidio,
a la oportunidad de vivir con orden
pero sin felicidad.
No hay metáfora más cruel
que la que substituye la muerte con la vida
sin dejar por ello el mal hábito de la respiración.
El pez nadó en la transparencia, mientras el aire secaba su movimiento, de tal manera que todo se conectó al redondo abismo de la boca de la pecera que se rompió con el grito de la inutilidad de seguir siendo. 
Los nudos de los abismos de la carne de la despedida, son otra manera de contemplar los ejes sobre los que se construye un doblez en la palma de mi mano.